MENGIBAR EN SUS CALLES

Introduzco un nuevo tema, basado en el libro de Sebastián Barahona "Mengíbar y sus calles".

Poco a poco, y por orden alfabetico tal como está en el libro, insertaremos nuevas calles , con objeto de que conozcamos sus orígenes e historia

 

 

 

 

 

MAESTRO FRANCISCO HORTAL


 

  • MAESTRO FRANCISCO HORTAL
    Fecha de nominación: Pleno del Ayuntamiento de 25 de noviembre de 1.983.
    Otros nombres: CAPITÁN CORTES
    Pleno del Ayuntamiento de 31 de julio de 1.939
    IGNACIO LILLO DE LA CHICA
    Pleno del Ayuntamiento de 1 de febrero de 1.930
    CALLEJUELA DE DON BERNABÉ
    Popularmente, en el siglo XVIII, al tramo entre Montoros y José Plata.
    CALLEJUELA DE PARRAGA
    Popularmente, en el siglo XVIII, al tramo anterior.
    ESCUELA
    Siglo XVIII
    ESCUELAS
    Siglo XVIII
    Localización: Se extiende desde Montoros, por el sur, hasta José María Lillo, por el norte. Son transversales a ella José Plata Gutiérrez y Doctor Navarro Funes.
    ESCUELA o ESCUELAS, se debía a que en esta calle estuvo, como he dicho antes, la primera Escuela de Mengíbar. Muy probablemente, la
    que en el siglo XVIII fundara don Francisco Pretel de Gámez, clérigo de Menores Ordenes, que dejó en su testamento unos bienes para sustentar al Maestro de la misma.
    Son muchas las noticias de estas Escuelas. Ya en el siglo XVIII, en 1.760, en el protocolo notarial de la venta de una casa en la calle de los Monteros, se lee que linda con otra que hace esquina con la callejuela que va a la Escuela. También en otros documentos notariales de 1.839 y 1.858 se vuelve a hablar de la misma.
    Los nombres de callejuela de Don Bernabé y callejuela de Párraga, del siglo XVIII, eran debidos a los dueños de las casas linderas con el tramo junto a Monteros y que originaban el nombre de la calle.
    Don Ignacio Lillo de la Chica fue un mengibareño, que nació en 1.987 y falleció el 8 de mayo de 1.929 con 42 años. Era hijo de don Pedro Lillo Llópiz y de doña María Consuelo de la Chica Meneses. Su humanidad y desvelo por las personas necesitadas, hizo que, a su muerte, el pueblo de Mengíbar, con la colaboración del Ayuntamiento, erigiera en su honor el mo­numento, que aún se conserva, en la plaza de la Constitución, en la fachada de la casa de doña María Teresa Alvarez Troyano. Fue Secretario del Ayuntamiento de Mengíbar y uno de los socios fundadores de la empresa Sánchez y Lillo, S.A., propietaria de la fábrica de harinas «Santa Marta», situada en la calle Bailen, aún en pie, aunque cerrada desde hace bastante tiempo.
    El Capitán Cortés es uno de los héroes de la defensa del Santuario de la Virgen de la Cabeza durante la guerra civil española (1.936-1.939).
    Santiago Cortés González, capitán de la Guardia civil, nació en Valdepeñas de Jaén, el 7 de junio de 1.897 y murió en Andújar en los primeros días del mes de mayo de 1.937.
    Hizo su ingreso en la Academia de Infantería en 1.917 y diez años más tarde se le concedió la incorporación al Instituto de la Guardia civil, del cual era capitán al producirse la guerra civil española (1.936-1.939).
    En agosto de 1.936 se refugiaron en el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, próximo a Andújar, unas 1.300 personas, de las cuales eran hombres unas 250, en su mayoría Guardias civiles de Jaén, a los que se les habían unido sus familias y unos 100 falangistas, más un millar de civiles, pertenecientes a la burguesía de Andújar. La falta de energía del más antiguo de sus jefes, en quien recaía el mando, motivó que se hiciese cargo de éste el capitán Cortés, que con aquel puñado de hombres, escasos de alimentos y municiones, resistió reiterados ataques del bando republicano, muy superior en número y armas de todas clases, rechazando cuantas propuestas se le hicieron para rendirse, siendo abastecidos por aviación desde Sevilla y Córdoba. La resistencia se prolongó durante ocho meses, hasta el primero de mayo de 1.937, en que solamente existían útiles 30 hombres de aquella guarnición. El ejército republicano lanzó en aquel día el ataque más potente de los realizados, resultando herido grave en el vientre el capitán Cortés. Al apoderarse del Santuario las fuerzas republicanas, fue hecho prisionero, falleciendo a los tres o cuatro días, a consecuencia de la herida. Por su heroica conducta le fue concedida la cruz laureada de San Fernando, acabada la guerra civil española (1.936-1.939).
    El nombre actual de Maestro Francisco Hortal, justamente nominado a esta céntrica calle, corresponde a don Francisco Hortal Quiñones,
    Maestro Nacional, que nació en Pozo Alcón (Jaén), el 3 de diciembre de 1.899, hijo de Miguel Hortal Navarro y Antonia Quiñones Martínez, campesinos. Era el menor de cuatro hermanos. Con cuatro años acompaña a su hermano mayor en el pastoreo de un rebaño de ganado en las laderas de la Sierra del Pozo, a varios kilómetros de la población. Su hermano le enseñó a descubrir el sentido de las letras y los números, pero, cuando aún no había cumplido los seis años, falleció éste y queda solo al cuidado del rebaño.
    Alternó la vigilancia del ganado con la lectura de libros o periódicos que le suministraba un Maestro cada quince días, cuando se acercaba al pueblo para aprovisionarse de ropa y comida.
    A los 18 años su padre vendió el rebaño y, por insistencia del Maestro y otras personas cultas del pueblo, aconsejan que estudiara, siendo llevado a Granada, donde, previo examen, ingresó en el Seminario de Maestros de la Victoria, cuya dirección ejercía don Andrés Manjón, también director de las Escuelas del Ave María, donde cursó estudios de Magisterio hasta su incorporación al servicio militar en Madrid. Concluido éste, alternó sus estudios con clases particulares para poder sufragar los gastos de los estudios y su sustento personal, hasta la finalización del curso del año 1.926, obteniendo el título de Maestro Nacional de Primera Enseñanza el 12 de julio del citado año, expedido por el Distrito Universitario de Granada.
    El 27 de diciembre de 1.926 contrajo matrimonio en Alcalá la Real con doña Angeles Hinojosa Hidalgo, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos: Francisco, Miguel, Carmen y Antonio.
    Ejerció la labor docente con carácter interino en Martos, Víboras e Higuera de Arjona y como propietario en Quintanilla (Santander), La Hiruela y Alcalá la Real.


    En mayo de 1.939 fue detenido y encarcelado por haber ejercido su profesión al servicio y en territorio de la República durante los años de la guerra civil (1.936-1.939), siendo condenado a la pena de 20 años de reclusión temporal y después, indultado. Cumplió la condena en la prisión provincial de Jaén, redimiéndola por el trabajo como auxiliar de enfermería y aplicándosele los beneficios de libertad condicional el 16 de julio de 1.943.
    El 9 de agosto de 1.940 falleció su esposa y en 1.943 contrajo segundas nupcias en Rus (Jaén), con el fin de recomponer su familia y lograr el reagrupamiento de sus hijos, dispersos durante más de cuatro años entre familiares y amigos.
    A principios de 1.945 se traslada a Mengíbar como vigilante de las obras de las 23 Viviendas Protegidas, cuyo nombramiento y cargo lo efectúa don Francisco Javier López Rivera, arquitecto y amigo, que actuó como director facultativo de dichas obras. El 9 de octubre de ese mismo año falleció el mayor de sus hijos, Francisco.
    En diciembre de 1.945 comenzó a dar clases particulares a niños de Mengíbar, principalmente para ingreso en el Bachillerato. Ante su excelente profesionalidad, espíritu de trabajo y los buenos resultados alcanzados por sus primeros alumnos en el Instituto de Enseñanza Media «Virgen del Carmen» de Jaén, siendo felicitado en muchas ocasiones por el profesorado del mismo, consiguió la ayuda de las autoridades locales, principalmente del entonces Alcalde, don Valeriano Troyano del Castillo, para instalar su escuela privada en unos locales municipales, ampliando las clases de enseñanza a alumnos de primaria y adultos, éstos por la noche, habiendo ejercido la labor, entre otros locales, en la sede de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos y en una antigua escuela, propiedad del Ayuntamiento, situada en la calle que hoy lleva su nombre.
    El 9 de febrero de 1.959 reingresó en el Cuerpo del Magisterio, como Maestro Nacional, y hasta 1.963 ejerció con carácter provisional en Madrid, Pinto (Madrid), Manresa (Barcelona) y Los Guindos de la Carolina (Jaén). Por fin, el 30 de junio de 1.963 consiguió, con carácter definitivo, por concurso general de traslados, el nombramiento de Maestro Nacional de la Escuela ns 2 de niños de Mengíbar, la ilusión y ambición de muchos años, pues dos de sus hijos habían casado en esta localidad. Pero su salud estaba bastante minada y fallece en Mengíbar unos meses más tarde, concretamente, el 9 de diciembre de 1.963, siendo enterrado en esta localidad, donde siempre fue acogido con los brazos abiertos y donde se le recuerda con admiración, cariño y respeto, por su labor desarrollada durante tantos años, difícil de igualar, y por sus muchos alumnos, que le quieren y nunca lo olvidarán.
    Creo que muy justamente el Ayuntamiento le nominó la calle, donde precisamente estuvo una de las primeras escuelas de Mengíbar y donde él ejerció la docencia privada durante muchos años.
    La Escuela
    Hasta el año 2.006 se conservaba en esta calle el edificio donde ha estado la Escuela, a la que han asistido muchas generaciones de mengibareños y por la que han pasado muchos Maestros, entre los que podemos citar a don Deogracias de la Chica García, don Elpidio Rodríguez, don Matías Varea Ubeda, don Juan Torres Garrido, don Francisco Hortal Hinojosa, y el que esto escribe, quizá el último de todos, dándose la circunstancia de que también estuve en la misma de alumno. Actualmente lo han derruido para edificar pisos.
    La Escuela tenía una vivienda adosada, donde moraba el Maestro, aunque hasta hace poco era de una familia particular, al haberla cambiado el Ayuntamiento por otra que ocupó el edificio actual del Ayuntamiento, cuando se construyó, situada en la calle Pósito. Recordamos el patio, donde tantas fotografías se han hecho con el Maestro rodeado por los alumnos. En el mismo existía una letrina con pozo ciego, del que tantas anécdotas podían contarse. Hoy, todo está en ruina y, prácticamente, de ella sólo se conserva, de momento, la fachada, que aún nos sigue hablando a todos los que en ella hemos estado y aprendido.
    También se le denominó a la calle con el nombre de Escuelas, porque durante muchos años en este edificio hubo dos Escuelas, y también porque en la casa de enfrente tuvo la escuela doña Josefa Trujillo Padilla, Maestra Nacional en ejercicio en Mengíbar desde 1.932 hasta su jubilación en 1.969.
    Otras noticias de épocas pasadas
    En 1.751 vivía en esta calle don Vicente Maestre, Presbítero de la iglesia de San Pedro Apóstol, conociéndose también que su casa estaba junto a la Escuela.
    Como datos anecdóticos de esta calle podemos añadir que el día 24 de marzo de 1.934 la Corporación acordó el arreglo de la calle Ignacio Lillo de la Chica, intransitable por los temporales. Las medidas fueron inmediatas, pues aparece una factura de ese mismo día de Alonso San Martín, de 30 pesetas, por quitar barro con su yunta en esta calle.
    En 1.931 se instaló la red de alcantarillado en esta calle, siendo una de las primeras en disponer de este servicio.
    Farmacias
    Debido a ser una calle céntrica, han sido muchos los estableci­mientos comerciales existentes en la misma. Quizá debamos de empezar por las Farmacias. La primera, de don Manuel Lillo Pareja, existente ya en 1.891, situada donde hoy hay un bloque de pisos de la familia Moreno Lillo. La segunda, fue fundada en 1.923 por don José María Beltrán Martínez y, fallecido éste en 1.940, la regentó su viuda, doña Juana Pareja Gámez, hasta 1.952, en que le sucedió su hijo, don Luis Beltrán Pareja.

    Establecimientos comerciales, bares e industrias
    En el mismo local donde hoy está la anterior farmacia, existía en la casa una taller de carpintería y herrería, especializado en la construcción de carros de labor, de Luis Beltrán López.
    La droguería de Pedro Saeta López empezó en 1.942 en otro local, aunque en esta misma calle, justamente en la casa de don José María Beltrán Pareja, donde antes había habido una Escuela de niños. Después se trasladó la droguería al edificio actual, pasando a su sobrino, Sebastián Chica Saeta.
    Frente a la actual farmacia, estuvo la tienda «La Pepita» de comestibles, propiedad de Mateo Torres Cortés. En el mismo local, en 1.946, Juan Manuel Chica Torres instala el comercio de comestibles, que antes ha­bía tenido en Antonio José de la Chica, cuando era de sus padres, Manuel Chica Plazas y Ana Torres.
    En 1.960 este comercio lo regentan los Hermanos Chica Medina, habiendo estado al frente del mismo Pedro y José.
    Recordamos en 1.946 la taberna de Alejo Chica, «El V-2», alusivo a aquellas armas utilizadas en la Segunda Guerra Mundial. Años después pasó a Horacio del Moral Medina; de ambos se podrían contar infinidad de anécdotas, como la que se cuenta de Horacio, cuando un día, en vez de bautizar el vino con agua, lo hizo con aguardiente. Esta típica y castiza taberna estaba junto a la Escuela de niños.
    Frente a la farmacia, antes de 1.936, estuvo la carpintería de Horacio del Moral Muñoz (1.926), que además tuvo hacia 1.931 la concesión de la línea de viajeros entre Andújar y Mengíbar, pasando por Villanueva de la Reina y Cazalilla, con un autobús, marca Chevrolet, matrícula J-4294. Fue una víctima más de aquella estúpida e incivil guerra española.
    También frente a la Escuela de niños, Alonso San Martín  Fernández, «el de Marina» tenía un taller de carpintería (1.899). Aún en estos días se recuerda en Mengíbar la «cencerrada» que recibió al casarse de segundas, después de haber enviudado.

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  • Haciendo esquina con la calle José Plata, frente a la Escuela, estaba la sastrería de Francisca Pérez Mármol (1.942), esposa de Romualdo Troyano. Años más tarde la sastrería pasó a su sobrino, Ángel Delgado Pérez, «Angelín» (1.961), que perfeccionó el taller haciendo unos cursos de moderna sastrería en Barcelona. Las confecciones acabaron con las sastrerías, por lo que ésta también cerró sus puertas unos años después, habiendo alternado la sastrería con los transportes.
    Desde 1.954, cuando el Ayuntamiento le cambió su casa para construir el actual Ayuntamiento, por la vivienda de los antiguos Maestros, adosada a la vieja Escuela de niños, Antonio Barahona Gómez, conocido mejor y cariñosamente por «Antoñito» Barahona, tenía en ella su taller de zapatería, aunque alternaba el oficio con la ayuda a Cándido Aranda en la preparación de los banquetes de bodas en los salones del bar del «Chicuelo», después a Blas Moya Vílchez en el Bar Avenida, o por solitario, preparando el festín de un bautizo, una fiesta familiar o una comida de amigos, teniendo la especialidad de la paella, sin olvidar sus naturales dotes para la jardinería, podando rosales y jazmines. Murió hace varios años y en su casa dejó un auténtico oratorio, con varias imágenes y altares, verdadera pasión en su vida. Su viuda, María Rosario, lo conserva como si él viviera.
    Sede de Acción Católica
    Aunque el edificio de la escuela de niños, propiedad del Ayuntamiento, no reunía las condiciones exigidas por los nuevos tiempos, cuando se creaban nuevas escuelas, dado el crecimiento de Mengíbar, se volvía a abrir como tal, hasta que se disponía de otro local. Por ello, hubo largas temporadas en que se utilizaba el local con otros fines, como en 1.950, en que se habilitó como sede de Acción Católica, y allí íbamos los aspirantes para recibir catequesis, hacer representaciones teatrales y ayudar a dar clases a personas analfabetas.
    Comadrona
    Entre los personajes a destacar en esta calle, hemos de citar a doña Amparo Garrido Nevado, Comadrona, que fue de Mengíbar desde 1.932 a 1.949, interviniendo y ayudando, por consiguiente, en el nacimiento de muchas generaciones de mengibareñosas. Estaba casada con Mateo Torres Cortés, un polifacético personaje, que tocaba el violón en la orquesta, abría comercios y alquilaba posadas. Vivían en la casa que hace frente a la calle,


    donde después vivió don Francisco Gómez Lillo, Practicante, ahora A.T.S. y Maestro de Escuela, cuando sustituía a los Maestros titulares.
    Sede de Cruz Roja
    Junto a la casa anterior, vivía Pedro López Criado, «Caejo», Co­rredor de fincas, en cuya casa, a principios de siglo, estaba la Farmacia, y donde después estuvo la Sede Local de Cruz Roja.
    Guardería infantil
    En nuestros días, forzosamente hemos de hablar de la Guardería Infantil de Paqui de la Chica Aguilera, cargada de paciencia y amor a sus pequeños.
    Es una céntrica calle, con mucho tráfico, que conserva muchos recuerdos entrañables para los mengibareños, desde la Escuela, a la que fue­ron cuando niños, hasta aquellas típicas tabernas.