Editorial
Saludo del Obispo
Pascua de Resurrección
Salutación del Alcalde
Pregonero de Semana Santa
Horario de Semana Santa Parroquia de San
PedroApóstol
Horario de Semana Santa Parroquia de La Inmaculada
Nuestras Cofradías “San Juan”
El encuentro entre dos sentimientos
Familia y Cofradía
Caridad Cofrade
Otra vez la Cruz
Procesionemos
Los pregones de Jesús Nazareno
Cofradía de la Oración en
el Huerto
Curiosidades de Nuestra Semana Santa
A mis costaleras unas grandes Señoras
Mamá ¿Qué es la Semana
Santa?
Homenaje de la Parroquia de San Pedro y
la Vocalía de Cofradías a Sebastián Barahona.
Semana Santa 2004
Nuestra Semana Santa en Imagenes
BOLETÍN DE COFRADÍAS Y HERMANDADES DE MENGÍBAR
Nº6 AÑO 2004
Participan:
Parroquia de San Pedro Apóstol, Parroquia de La Inmaculada, Vocalía de Cofradías de la Parroquia de San Pedro Apóstol y Cofradías de Mengíbar.
Coordinan: Sebastián Barahona Vallecillo, Cristóbal Escobar Bruno, Sebastián Serrano Malpica y Francisco Jesús Martínez Mimbrera
Fotografías: Gentileza de “FOTO
MORENAS” e Hilario Ciórraga Gonzalez
Patrocinan: Excmo. Ayuntamiento de Mengíbar y Cofradías
de Pasión
Maqueta e imprime: Imprenta La Malena
Nota: La Vocalía de Cofradías y las Parroquias
de San Pedro y La Inmaculada se reservan el derecho de alterar cualquier horario,
acto o itinerario programado en este boletín
Se acerca una nueva Semana Santa. Ha pasado un año y podíamos preguntarnos cómo vivimos la del año pasado. Sería curioso recordar si hicimos algún compromiso y, sobre todo, si esos compromisos los hemos cumplido. Humildemente, podemos reconocer que nos propusimos cambiar de vida, ser mejores, pero las circunstancias que nos rodean no lo hicieron posible y estamos como antes. Pudiera ser que respondiésemos diciendo que esos días los pasamos en la montaña o en la playa, y nada de compromisos, o bien en el lugar habitual de residencia, pero fuimos meros espectadores y nada más, aunque reconocemos que fueron unos buenos días de vacaciones, ideales para un descanso merecido. Y muchas respuestas más, originales, ocurrentes, sinceras… Como es lógico, no faltaría el que reconoce que sólo en esos días va al templo, a alguno de los actos que organiza su cofradía, y que, eso sí, asistió a las procesiones, vestido con el hábito de su cofradía, llevando a hombros su imagen titular, y que lo volverá a hacer mientras viva, pues es Hermano por tradición familiar, desde hace muchas generaciones.
Y es que, quizá, la Semana Santa, para algunos, sea una festividad más del año, y, por consiguiente, sólo nos quedamos con lo externo, lo superfluo, lo espectacular, lo folclórico, lo cultural… Respetamos las ideas y creencias, pero, si somos consecuentes con nuestra fe cristiana, no podemos conformarnos con esos valores, y tenemos que ir por otros caminos. Separamos semana de santa para quedarnos sólo con la primera palabra, pues la formada por la unión de ambas palabras es un concepto totalmente distinto.
La Semana Santa es unirnos a Cristo, desde su entrada triunfal en Jerusalén hasta su gloriosa Resurrección. Ver aquellos acontecimientos a la luz del Evangelio, meditarlos sin prisas, olvidándonos de lo usual y cotidiano, y sacar las conclusiones oportunas. Sólo en ese caso, estaremos en condiciones de acercarnos a la Semana Santa con espíritu cristiano.
La Semana Santa es una nueva oportunidad de acercarnos a Cristo en su Santa Pasión, para sufrir con El, padecer con El y resucitar con El. Si así lo hacemos, forzosamente hemos de proponernos cambiar muchos aspectos de nuestra vida y habremos vivido de verdad la Semana Santa.
¿En qué tenemos que cambiar?
Una regla práctica podría ser, primero, analizar con detenimiento
nuestro hogar, nuestro trabajo y nuestro ambiente social. Después, preguntamos:
¿cómo están?, ¿en qué deberían cambiar
para que estuviesen como Jesús quiere?, ¿qué podría
yo hacer para ello? Fácilmente, surgirá un compromiso, pero un
compromiso serio y sencillo, teniendo en cuenta nuestras limitaciones y posibilidades.
Es el camino para empezar a plantearnos el cambio de nuestra vida, sin olvidar
que necesitamos la ayuda de Jesús, pues solos no podremos abordar ese
compromiso. Así, comprenderemos lo que, de verdad, es la Semana Santa.
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LAS COFRADÍAS, ¿PREOCUPACIÓN O ESPERANZA?

Saludo del Obispo a todas las Cofradías:
Penitenciales, Marianas y Patronales el Año 2004
Mis queridos Cofrades:
Agradezco vuestra diferencia al concederme cada año las primeras páginas de los Boletines introductorias a vuestras celebraciones principales. Al dirigirme a vosotros desde estas líneas pretendo, sobre todo, mantener viva esa relación que debe unir, en la sencillez y en el afecto, al Obispo y a las Cofradías y Hermandades. Al mismo tiempo, a través de estos escritos podemos compartir preocupaciones, orientaciones y proyectos que nos afectan como miembros de la misma Iglesia diocesana.
Algunas veces me preguntan si las cofradías son una <<preocupación>> para el Obispo, o si constituyen un motivo de <<esperanza>> en el desarrollo de la acción pastoral y de la vida de nuestra Iglesia giennense.
Mi respuesta siempre une ambos extremos porque, en principio, no son alternativos, no se contraponen. ¿Qué se podría decir de los hijos en la familia? ¿Qué son preocupación o que son esperanza? Para los padres sensatos, esta pregunta en forma disyuntiva no tendría lugar. Los hijos, como integrantes de la familia, tienen derecho a recibir de los padres la atención adecuada a los diversos momentos de su evolución y crecimiento. En este sentido, los hijos constituyen la primera preocupación que los padres viven con verdadero interés movidos por el amor. El Obispo es Pastor y Padre de todos los miembros de esta gran familia diocesana. Por tanto debe sentir como propias, y debe tratar con afecto paternal las necesidades y riesgos de las personas y de las instituciones integradas en la Iglesia particular que el Señor le ha encomendado. El cumplimiento de esta responsabilidad hace más cercana y sólida la relación pastoral entre el Obispo y las Cofradías y Hermandades. Todos coincidimos en que los problemas no son apetecibles y que ocasionan a veces momentos difíciles. Pero, al mismo tiempo somos testigos de que afrontar juntos y con buen talante las situaciones incómodas que se dan en la familia, propician el acercamiento entre esposos y entre padres e hijos, y ayudan a crecer cada uno en la propia condición. El diálogo sencillo y sincero abre a la mutua confianza que es la puerta de toda colaboración.
El buen educador no se mantiene al margen de los educandos mientras no aparecen importantes problemas. Por el contrario, procura una relación continuada compartiendo con toda la naturalidad el acontecer diario. Del mismo modo el ejercicio de la responsabilidad pastoral lleva al Obispo y al presbítero a prestar atención y a mantener una relación fluida con las personas e instituciones confiadas a su cuidado. En razón de ello corresponde al Obispo, a los presbíteros y a los Cofrades verdaderamente responsables, promover las estructuras y aprovechar las ocasiones que puedan propiciar un diálogo confiado y permanente con los feligreses y con las instituciones eclesiásticas parroquiales o diocesanas. De este diálogo surge el buen entendimiento mutuo y la posibilidad de afrontar juntos tanto las responsabilidades comunes como los problemas que puedan surgir. El Papa Juan Pablo II resume este comportamiento pastoral afirmando: <<La comunión eclesial llevará al Obispo a un estilo pastoral cada vez más abierto a la colaboración de todos>> (PG, 44). Por ello, he procurado en nuestra Diócesis la promoción de los Consejos Pastorales Parroquiales y Arciprestales en los que deben colaborar desinteresada y generosamente las Hermandades y Cofradías. Por ello se constituyeron, hace ya años, las Agrupaciones Arciprestales de Cofradías como ámbito de comunión y diálogo donde procurar el conocimiento y tratamiento de las necesidades de estas asociaciones eclesiales, donde afrontar los problemas que puedan surgir y donde buscar juntos las directrices más oportunas para la andadura de cada asociación y del conjunto de todas ellas. Quienes prescinden de estos cauces de encuentro y diálogo hace peligrar la comunión eclesiástica. Aprovechar todo ello, ofrece, en cambio, una experiencia positiva en beneficio de cada asociación y del conjunto diocesano; ayuda a plasmar en la vida diaria la Comunión efectiva que constituye el vínculo esencial de los cristianos.
Después de varios años de compartir con las Cofradías y Hermandades sus anhelos, problemas, dificultades, ilusiones y decepciones, convicciones y fidelidades, puedo decir que las conozco y aprecio más, que voy descubriendo caminos por los que estas asociaciones pueden apoyar y enriquecer la acción evangelizadora tan importante y urgente en nuestro tiempo y en nuestros ambientes. Cuando contemplo estas posibilidades que encierran, y cuando me fijo en el avance logrado en su aprovechamiento y desarrollo, la preocupación por las Cofradías y Hermandades se convierte en esperanza. Así lo vivo, cada día más, a medida que va siendo más amplia e intensa mi relación con los cofrades conscientes y responsables. Puedo decir con toda verdad, que soy testigo de un claro avance de las Cofradías y Hermandades en su vinculación eclesial, en el interés por cultivar sus esencias, y en realizar, con respecto a las prescripciones eclesiales, aquellas iniciativas que les afectan como asociaciones internas a la Iglesia.
Es cierto que no todas las cofradías caminan al mismo ritmo. También es verdad que no todos los cofrades son conscientes de su identidad y de sus deberes. Sabemos, también, que existen casos, especialmente despreocupados, que no prestan atención a las exhortaciones, a la normativa y a las ayudas que ofrecemos a las Cofradías y Hermandades. Existen algunas de estas asociaciones cuya atención a los propios Estatutos es muy deficiente. Pero el testimonio de los buenos cofrades, la acertada acción de muchísimas Juntas directivas, la dedicación atenta de muchos consiliarios, y la oración de unos por otros, hará que este avance ya notorio, culmine en una renovación cofrade verdaderamente ejemplar.
Al dirigirme a vosotros en esta ocasión, queridos miembros de las Cofradías y Hermandades, os pido y espero de vosotros que reflexionéis y hagáis un esfuerzo para recuperar las propias esencias cofrades y contribuir al crecimiento y renovación de nuestra Iglesia Diocesana.
Con mi bendición pastoral,
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Los sacerdotes de Mengíbar.
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Queridos amigos/as:
Los días que se aproximan dan lugar
a reflexión y no solamente a los cristianos, que recuerdan la muerte
de Jesús, sino a todo el mundo practicante de otras religiones. Es hora
de que cada uno de nosotros se pare a pensar en los tiempos que vivimos, en
los que sólo pensamos egoístamente, sin mirar lo que tenemos alrededor.
Lo vemos, sí, en la prensa, lo oímos en la radio, pero no lo «VEMOS»;
se ve y se olvida y a eso es a lo que no debemos llegar. Hay que pensar, y sobretodo
los cristianos practicantes, que Jesucristo podía haber venido también
«A VERNOS», y sin embargo no fue así, vino a vernos, conocernos,
comprendernos y a «MORIR POR NOSOTROS».
Eso es lo que en estos días recordamos,
la pasión y muerte de Jesús, pero la pasión y muerte de
tantos «JESÚS», como existen en la actualidad: «MUJERES
MALTRATADAS», «MUERTES», «VIOLACION DE LOS DERECHOS
HUMANOS», eso es lo que hay que tratar de evitar, y esta es una buena
fecha para reflexionar sobre ello.
Vivir la Semana Santa no se encierra sólo
en sacar cada una de las cofradías, a sus imágenes engalanadas,
hay que vivir lo que la religión nos encomienda esos días, acercarnos
a la figura de Cristo, no dejar de lado el amor que dejó entre nosotros
y que vamos olvidando poco a poco.
Pensemos en estos días un poco más
en los demás, y seguro que nos entenderemos más a nosotros mismos.
Espero que estos días sean de reflexión para todo/as.
Un fuerte abrazo de
VUESTRO ALCALDE
Gil Beltrán Ceacero
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Con alegría y satisfacción, podemos afirmar que el Pregón se ha convertido en un acto tradicional de nuestra Semana Santa. Y así, es bastante frecuente por estas fechas oír esta pregunta: ¿Quién es este año el Pregonero? Respondemos a la misma, diciendo que es MIGUEL LECHUGA VIEDMA, un joven nacido en Torreperogil (Jaén), el 3 de marzo de 1970, y domiciliado en Jaén. Está casado con una mengibareña, Juani Escobar Bruno, de cuyo matrimonio han nacido dos bellas y encantadoras hijas, María de los Ángeles y Marta. Profesionalmente, es empleado del Registro de la Propiedad, de la capital jiennense, aunque sus muchas inquietudes por formarse le han llevado a iniciar los estudios de Derecho en la UNED. Ama profundamente la lectura y posee grandes dotes para la creación literaria, como lo atestiguan sus incontables y frecuentes artículos periodísticos, publicados en el Diario JAEN.
Miguel Lechuga tiene méritos, más que suficientes, para haber sido elegido Pregonero de la Semana Santa de Mengíbar, pues a las inquietudes lógicas de su juventud, comprometida seriamente con unos nobles ideales, une una sólida formación cristiana, fruto de su fe y de la activa militancia en el Movimiento de “Nuevos Sarmientos” y “Cursillos de Cristiandad”, que le han marcado hondamente su actuación en la vida, que procura esté lo más conforme posible con el Evangelio.
Su fe y amor a Dios y al prójimo se traducen en el testimonio cristiano en su hogar, en su trabajo y en los ambientes en que vive. De ahí, su hogar modélico, donde trata de imitar a ese otro Hogar de Nazaret. Miguel ama profundamente la familia, da valor al matrimonio cristiano y, con su ejemplo, lo defiende de los muchos ataques que hoy recibe por infinidad de frentes y medios. Ama a su mujer y a sus hijas y en su hogar se ama a Dios y se intenta vivir en cristiano. El amor al prójimo es otra constante en Miguel. Su preocupación y desvelo por los más desfavorecidos de nuestra sociedad, le han hecho trabajar como voluntario en distintas Organizaciones que luchan por conseguir el bienestar de personas minusválidas, donde desarrolla una eficaz y meritoria labor.
Presentada a grandes rasgos la personalidad
de nuestro Pregonero, estamos totalmente convencidos de que Miguel Lechuga Viedma
nos hará recordar con emoción aquellos difíciles y críticos
momentos de la Pasión de Jesús, que, por su gran Amor a los hombres,
dio todo, incluida su vida, en una cruz, aunque también nos llevará
hasta el sepulcro, pero vacío, porque había vencido a la muerte
y había resucitado. Y, como no, legítimo mengibareño, por
adopción familiar, nos cantará los momentos típicos de
la Semana Santa de Mengíbar, las bellas y seculares tradiciones, que
el pueblo vive con intensidad en estas fechas, desde hace muchas generaciones.
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HORARIOS DE SEMANA SANTA 2004 PARROQUIA
DE SAN PEDRO APOSTOL
Sábado, día 27 de Marzo:
A las 20.30 horas: Pregón de Semana
Santa en la casa de la Cultura a cargo de D. Miguel Lechuga Viedma
Domingo de Ramos, día 4 de Abril:
A las 11.30 horas: Bendición de Ramos en la Ermita del Señor de
las Lluvias y procesión a la Parroquia. Santa Misa.
A las 19.30 horas: Santa Misa
Lunes Santo, día 5 de Abril:
A las 16.00 horas: Besamanos a Maria Santísima de la Amargura y Santísimo
Cristo de las Lluvias, en la Ermita.
A las 19.00 horas: Traslado de la imagen de Maria Santísima de la Amargura,
desde la Ermita a la Parroquia de San Pedro Apóstol
A las 18.00 horas: Confesiones de niños, cursos 5º y 6º
A las 22.00 horas: Oración Nocturna de los Jóvenes.
Martes Santo, día 6 de Abril:
A las 18.00 horas: Confesiones niños de ESO y Jóvenes.
A las 20.00 horas: Santa Misa y Confesiones Comunitarias.
Miércoles Santo, día 7 de Abril:
A las 19.00 horas: Santa Misa.
A las 19.30 horas: Procesión del Santísimo Señor de las
Lluvias y Maria Santísima de la Amargura.
A las 24.00 horas: Solemne Vía Crucis (Plaza de la Constitución).
Jueves Santo, día 8 de Abril:
A las 10.00 horas: Traslado de la imagen de Maria Santísima de la Amargura
a la Ermita.
A las 19.00 horas: Santa Misa de la Cena del Señor.
A las 21.00 horas: Procesión de Jesús atado a la Columna.
A las 23.00 horas: Rosario y Letanías a Jesús.
A las 23.30 horas. Vigilia Adoración Nocturna.
A las 00.30 horas. Sermón de Pasión y Pregones.
A las 01.30 horas: Procesión de Jesús Nazareno.
Viernes Santo, día 9 de Abril:
A las 12.00 horas: Santo Vía Crucis.
A las 17.30 horas: Celebración de la Pasión del Señor.
A las 19.00 horas: Procesión del Santo Entierro.
A las 23.30 horas: Procesión Virgen de la Soledad.
Sábado Santo, día 10 de Abril:
A las 23.00 horas: Solemne Vigilia Pascual.
Domingo de Resurrección, día 20 de Abril:
A las 11.00 horas: Santa Misa. Celebración
del Bautismo. Procesión del Señor Resucitado.
Nota:
No hay Misa por la tarde.
Se reguega
mucha puntualidad a todos los actos.
Viernes Santo:Día de Ayuno y Abstinencia
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HORARIOS DE SEMANA SANTA 2004 PARROQUIA DE LA INMACULADA
Domingo de Ramos, día 4 de Abril:
A las 11.30 horas: Bendición de Ramos en la Plaza Sta. María Magdalena
y procesión a la Parroquia. Santa Misa.
Martes Santo, día 6 de Abril:
A las 20.00 horas: Celebración comunitaria de la penitencia en la parroquia
de San Pedro Apóstol.
A las 24:00 horas: Solemne Vía Crucis por las calles.
Jueves Santo, día 8 de Abril:
A las 10.00 horas: Oración de Laudes.
A las 20.00 horas: Santa Misa de la Cena del Señor.
A las 23.00 horas: Hora Santa.
Viernes Santo, día 9 de Abril:
A las 10.00 horas: Oración de Laudes.
A las 16.30 horas: Vía Crucis con los niños
A las 17.00 horas: Celebración de la muerte del Señor
Sábado Santo, día 10 de Abril:
A las 10.00 horas: Oración de Laudes.
A las 23.00 horas: Solemne Vigilia Pascual.
Domingo de Resurrección, día 20 de Abril:
A las 12.30 horas: Santa Misa. Celebración del Bautismo.
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COFRADÍA DE SAN JUAN EVANGELISTA
Sebastián Barahona Vallecillo
Cronista Oficial de Mengíbar
Aunque la Cofradía de San Juan Evangelista aparece fundada en 1855, según consta en el acta levantada en la iglesia de San Pedro, el 18 de junio de 1899, para fijar el orden que deberían llevar las Cofradías en las procesiones generales, hay documentación escrita, que demuestra que esta Cofradía de Mengíbar existía ya en el siglo XVII. Así, Bartolomé Sánchez Pretel, vecino de Mengíbar, declara en su testamento, de fecha 15 de mayo de 1632, ante el escribano de Mengíbar, Miguel Sánchez de Aguilera: “que es cofrade, entre otras, de la Cofradía del Señor San Juan, que se sirve en la iglesia de San Pedro de Mengíbar”. Estas son, probablemente, las noticias más antiguas que se conservan de esta Cofradía. Sin embargo, distintas circunstancias ocasionaron que desapareciera posteriormente, aunque perdurara la fe, amor y devoción de los mengibareños a Juan, el discípulo joven y amado de Jesús, pues en 1855 vuelve a fundarse esta Cofradía por 25 Hermanos, según la documentación que conserva la misma y donde hemos sabido que el 31 de marzo de 1907 se redactaron unos Estatutos, aunque, lamentablemente, no se conservan en la actualidad.
Acabada la guerra civil española (1936-1939) se reorganiza la Cofradía y el 14 de abril de 1940 se reúnen los Hermanos en casa del Secretario de la misma, don Juan Santos Galindo Martínez, para aprobar los nuevos Estatutos, muy inspirados en los antiguos de 1907, según las normas que para ello dio el Obispado de Jaén, siendo Hermano Mayor don Antonio Criado Bruno. El 18 de septiembre de 1940 eran aprobados por el Vicario General del Obispado de Jaén, don Rafael García y García de Castro. Los citados Estatutos, que conserva la Cofradía en la actualidad, constan de 13 artículos. Resumiendo su contenido, destacamos: los Hermanos deben oír la Santa Misa todos los días de precepto y confesar y comulgar en el tiempo Pascual y en la festividad de San Juan. Los Hermanos deben de contribuir con una cuota de 4 pesetas anuales, pagadas el día de San Juan y el domingo de Resurrección, festividad ésta, en que se tomarán las cuentas al Hermano Mayor y se trasladarán las insignias, banderas, cera y ropas al domicilio del nuevo Hermano Mayor. Los nuevos Hermanos pagarán una cuota de entrada de 10 pesetas. La imagen de San Juan saldrá en procesión el día de San Juan Bautista, Jueves Santo por la tarde, Viernes Santo, de madrugada, tarde y noche, el domingo de Resurrección y en la festividad del Corpus Christi. Al entierro del Hermano fallecido asistirán, obligatoriamente, todos los Hermanos, sin excusa ni pretexto alguno.
La Cofradía contaba con una imagen de San Juan Evangelista que desapareció durante la guerra civil (1936-1939). Cuando se reorganiza la Cofradía en 1940, se hace mención de aquella imagen: “…Desapareciendo la antigua y hermosísima imagen de San Juan Evangelista de talla antiquísima, que data desde tiempos inmemoriales…” Esta cita nos demuestra que la imagen se veneraba en la iglesia de San Pedro Apóstol desde hacía muchos años y que debía ser de gran calidad. En 1940, y para sustituir a la imagen desaparecida, la Cofradía encargó la confección de una nueva al escultor, residente en Sevilla, Piquer Catoulit. El 13 de abril de 1952, la Cofradía encarga la reforma de la imagen al escultor local, don Manuel Párraga Vílchez, Licenciado en Bellas Artes, que supo conseguir la belleza, proporción y armonía, que faltaban a la imagen.
A partir de 1980 la Cofradía atraviesa una fuerte crisis, motivada por el fallecimiento de la mayor parte de los Hermanos y no entrar otros nuevos en sus puestos, a pesar del esfuerzo y deseo de varios Hermanos de que no desapareciera, entre los que sobresalen Juan Chica Bruno y Juan Bautista López Jurado. Pero resulta emocionante ver que, al poco tiempo del fallecimiento de éstos, un numeroso grupo de jóvenes, de ambos sexos, animados por otro de personas mayores, hijos y familiares, la mayor parte, de los antiguos Hermanos de la Cofradía, se lanzan a la aventura de revitalizarla, dejando asombrados a los mengibareños en la Semana Santa de 1994, desfilando con orden, disciplina y ejemplo en las procesiones tradicionales, en las que interviene la imagen titular. En 1997, la Cofradía contaba con 125 Hermanos, abundando los jóvenes en gran proporción y presentando en la Semana Santa de ese año la novedad de estrenar trajes de Estatutos, compuestos de túnica de paño rojo con bocamanga de raso verde y escudo de la Cofradía en el brazo derecho; cíngulo y cordón en rojo y verde con medallón de la efigie del santo titular; manto de raso verde y guantes blancos. El escudo lo forman un libro y una palma. También la imagen presentó la novedad de estrenar vestido, compuesto de túnica verde y capa roja, ambos de terciopelo. Será el 1 de abril de 1999, festividad de Jueves Santo, cuando la Cofradía estrene un trono, una prueba más de su renacimiento, fruto de la fe, fuerza, servicio e ilusión de sus Hermanos, sirviendo como ejemplo la seriedad y comportamiento en los desfiles procesionales de la Semana Santa mengibareña.
Animamos a todos los Hermanos, jóvenes
y mayores, para que sigan demostrando su amor a San Juan Evangelista, demostrándolo
en todos los actos de su Cofradía y, sobre todo, dando el testimonio
cristiano que su fe les exige.
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EL ENCUENTRO ENTRE DOS SENTIMIENTOS
Por Fernando Chica Arellano.
Nunciatura Apostólica en Colombia.
En los días de Semana Santa, más que en cualquier otro momento
del año, podemos apreciar cómo Jesús tiene sed de que el
hombre tenga sed de Él. Los misterios que conmemoramos durante la Semana
Mayor deberían despertar en nosotros la sed de Dios. Realmente, Él
es el único que puede saciar las ansias profundas de felicidad que cada
uno de nosotros tiene en su corazón.
En efecto, Jesucristo te dice nuevamente: “Tengo sed de ti. Por amor tuyo soporté el suplicio de la Cruz”.
Por otra parte, está el hombre que, en lo más recóndito de su ser, no deja de sentir sed de autenticidad y trascendencia. Ahora bien, a menudo, cae en la tentación de, para paliar esa avidez, servirse de tinajas agrietadas. Las celebraciones de la Semana Santa pueden ser una ocasión propicia que le muestren cómo ese hondo deseo no puede sosegarse en oasis engañosos. Al contrario, es únicamente en Cristo Jesús, vencedor del pecado y de la muerte, donde se halla la plenitud de la vida humana. En los Oficios del Viernes Santo volveremos a tomar conciencia de esta verdad.
Cuando, durante esa tarde, se proclame la pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan, escucharemos estas sublimes palabras: “Sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: ‘Tengo sed’” (Juan 19,28).
Meses antes y en otra circunstancia, en torno a las doce del mediodía, Jesús se encontraba en una ciudad de Samaría, concretamente en Sicar, junto al pozo de Jacob. Estaba descansando, pues se había fatigado durante el camino. Entonces, “llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: ‘Dame de beber’” (Juan 4,7).
Si somos sinceros, tenemos que reconocer que, en la mujer Samaritana, estamos representados todos nosotros. Ella iba, una y otra vez, a llenar su cántaro a un pozo que no terminaba de colmar sus aspiraciones. Hasta que un día descubrió a Jesús. Él la estaba esperando desde toda la eternidad. La Samaritana, con su cántaro y sus anhelos, con su miseria y su debilidad, se encuentra con todo un Dios que, lejos de recriminarla, pacientemente la aguarda.
Esta mujer se extraña de que un judío le pida agua. Esto se explica porque judíos y samaritanos no mantenían buenas relaciones. Jesús aclara las cosas a la mujer de este modo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y te daría agua viva” (Juan 4,10).
En ese momento, la Samaritana se da cuenta que Jesús puede dar un sentido auténtico a su vida. Sus fatigas ya no serán estériles. La mujer comprende que su existencia no puede reducirse a apresuramientos, tropiezos, pecados y desvaríos. Existe un horizonte distinto. Cuando la Samaritana comprendió esto no dudó en replicar: “Señor, dame de ese agua, para que no tenga más sed” (Juan 4,15). A partir de entonces, comenzó a dialogar con Jesús y así probó el primer sorbo de una verdad sin fingimiento. Tal fue su alegría, que aquella mujer, “dejando el cántaro, se fue a la aldea para decírselo a los vecinos” (Juan 4,28).
La Semana Santa es una coyuntura privilegiada para repetir en nosotros la experiencia de la Samaritana y crecer en el trato íntimo, genuino y sereno con Jesucristo. Ese tiempo no puede identificarse con unas meras vacaciones. Antes bien, los cristianos estamos llamados a llenar de fe unos días que, para muchos, se han quedado en simple exterioridad y folclore, en un espectáculo de interés turístico.
En una sociedad asfixiada por la superficialidad, los creyentes hemos de redoblar la capacidad no sólo de percibir que Dios nos busca y quiere lo mejor para nosotros sino también de transmitir a los demás esta convicción.
En este sentido, la Semana Santa ha de reafirmar en nosotros esta certeza: sin Dios, el hombre es como tierra reseca y agostada. Con Dios, nuestra vida será un vergel. El encuentro sencillo, franco y abierto entre la sed de Dios y la sed del hombre genera en el corazón humano un manantial de agua que engendra vida definitiva y fructífera. Lo que alimenta nuestra fe no es más que el coloquio reposado y cordial con Jesucristo. Lo demás se nos dará por añadidura.
Es doctrina segura: cuando uno se acerca sinceramente a Dios, ve las cosas de forma distinta. Cuando dejamos que Él sane las heridas de nuestro interior, se acaban las envidias malsanas y los rencores que ofenden. Cuando confesamos que, quien a Dios tiene nada le falta, somos más benévolos con nosotros mismos y con los demás.
Por tanto, en medio de la barahúnda que nos embarga, no es ocioso recordar el mensaje que el Santo Padre Juan Pablo II nos dejó la última vez que visitó España: “El drama de la cultura actual es la falta de interioridad, la ausencia de contemplación... ¿De qué es capaz la humanidad sin interioridad? Lamentablemente, conocemos muy bien la respuesta. Cuando falta el espíritu contemplativo, no se defiende la vida y se degenera todo lo humano. Sin interioridad el hombre moderno pone en peligro su misma integridad” (JUAN PABLO II, Palabras durante la Vigilia de oración con los jóvenes en el Aeródromo de Cuatro Vientos. Madrid 3.5.2003).
Desde Bogotá, formulo mis mejores votos para que los cristianos de Mengíbar aprovechen bien la celebración de la Semana Santa. Que acudan con devoción a las Parroquias para participar dignamente en el Triduo Santo y que, esa misma fe, sea la que luego se manifieste públicamente por las calles, acompañando con recogimiento y fervor los pasos que representan algunos misterios de la pasión, muerte y resurrección del Salvador.
Imploro de Dios que esta Semana Santa pueda ser para cada uno de vosotros una apremiante invitación al encuentro con Jesús, muerto y resucitado, un tiempo para dejar que aflore ante Él todo lo que lleváis dentro. Buscad a toda costa el silencio, la amistad con el Señor y la acogida del hermano más necesitado. La intimidad con Cristo os revestirá de su amor y abrirá vuestros corazones maltrechos a una relación de auténtica filiación con Dios y de fraternidad con los que os rodean.
Desde esta tierra colombiana, en la que me encuentro sirviendo a esta Iglesia tan dinámica como sufrida, elevo mi súplica al que es Clemente y Misericordioso para que, en los corazones de las gentes de mi pueblo, se afiance cada vez más el empeño por conocer el Don de Dios.
Pedidle de beber a Aquel que hoy os dice que tiene sed de vosotros. Decidle que os dé ese Agua que salta hasta la vida eterna. Ojalá que mane en vosotros el Agua viva que Él os da generosa e inmerecidamente, ese Agua que haga inservibles vuestros cántaros, es decir, vuestros miedos y egoísmos.
En definitiva, estoy seguro que, si en esta Semana Santa, muchos cristianos
de Mengíbar refuerzan su vida interior, su dedicación a la oración,
su escucha de la Palabra de Dios y su participación en los Sacramentos
de la Reconciliación y la Eucaristía, terminarán por robustecer
su amor a los hermanos. De esta manera, se multiplicarán en nuestro pueblo
los gestos de caridad, el perdón recíproco, la afabilidad y la
ayuda mutua.
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En los tiempos en los que vivimos, se hace muy patente la falta de unión entre las personas. No hay que irse a las guerras actuales, para constatar que la falta de principios en la sociedad lleva implícita una ruptura con los valores que con tanto esfuerzo y cariño nos dejaron nuestros mayores.
Es en estos momentos difíciles donde hay que aferrarse a la familia. Instantes antes de morir, Jesucristo nos dejó ese mandamiento que resume toda su doctrina: “Amaros unos a los otros como Yo os he amado”. El núcleo de unión, por excelencia, es la familia. Es en Semana Santa donde el ambiente familiar nos debe de dar la fuerza necesaria para que durante todo el año reine la paz y la concordia en nuestros hogares.
Es muy bonito ver como entre todos preparamos todo lo necesario en estas fechas. Qué decir de esas tardes en las que nos ponemos a preparar los dulces típicos, esas tardes en las que nos dedicamos a preparar todas las indumentarias cofrades, esos momentos en los que recibimos a nuestros familiares que vienen de muy lejos, esas tardes en las que sencillamente nos sentamos todos juntos a descansar.
Todo esto se hace más grande si la familia es cofrade. No debemos olvidar el otro núcleo de unión que adquiere en estas fechas gran relevancia: la Cofradía.
La cofradía debe ser un ejemplo de unión. Y debe serlo porque tenemos una misión importantísima. Desde tiempos inmemoriales tenemos el encargo de sacar el Evangelio a la calle. Las procesiones deben ser una manifestación de la fe que profesamos en nuestra parroquia, son una continuación de los actos litúrgicos. De ahí la necesidad de unidad y de concordia que debe haber entre los miembros de una misma cofradía y entre todas las cofradías. De nuevo debemos de pensar en ese último mandamiento que nos dejó el Señor.
Es muy importante que animemos a nuestros familiares y amigos a pertenecer a una cofradía, a parte de participar activamente en todos los actos litúrgicos, se tienen ratos de diversión, de alegría y, sobre todo, de amistad.
Francisco Serrano Gómez
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Las cofradías son organizaciones de fines religiosos con el objetivo
de fomentar el culto al Santísimo Sacramento o, más generalmente,
a unas determinadas advocaciones de Cristo, la Virgen o algún santo,
representados usualmente por imágenes escultóricas concretas,
y de procurar el mejoramiento espiritual, y en su caso, también material,
de sus asociados, mediante actos de culto y otros medios, como pueden ser la
ayuda mutua o la realización de diversas obras caritativas con los necesitados.
Tenemos, pues a las hermandades, que son asociaciones de seglares con fines
religiosos, acogidas a la reglamentación del Derecho Canónico,
estando bajo la autoridad de la jerarquía eclesiástica.
Tres son los principales fines de las Hermandades y que se recogen, como todas las normas cofrades, en unos estatutos o reglas:
1.- Promover la celebración de cultos en honor del titular de la hermandad,
según el ciclo de fiestas y celebraciones que se desarrollan a lo largo
del año y que alcanza su punto culminante con la fiesta principal.
2.- Conseguir el mejoramiento espiritual de sus Hermanos o asociados, por medio
de la asistencia a estos cultos y a la devoción de su titular.
3.- Realizar obras de caridad asistencial entre sus miembros o los necesitados
en general.
Es común a todas las hermandades el marcado carácter reglamentista
de sus estatutos o reglas, figurando varios artículos en relación
con la ayuda mutua, la atención espiritual o material a los cofrades
en sus enfermedades y, sobre todo, en la muerte y en la realización de
obras de caridad entre los necesitados. Desde hace muchos años las cofradías
están obligadas por sus estatutos a la realización de obras de
caridad. Así, podemos destacar como la de la Virgen del Carmen de Mengíbar,
en su sexta ordenación, anima a los Hermanos para que sean generosos
con las limosnas, que se guardarán en un arca de tres llaves, para la
ayuda de los menesterosos. También se dictan sanciones para aquellos
Hermanos que no paguen las limosnas acordadas, pudiendo ser expulsado aquel
que no abone lo estipulado.
Los estatutos aprobados por el Real Consejo de Castilla, en 1782, para la Cofradía
Matriz de la Virgen de la Cabeza de Andújar, eran bastante explícitos
en cuanto a sus exigencias de caridad cofrade. Así, el capítulo
primero imponía la obligación de dedicarse con mayor esmero para
que los pobres encarcelados no carezcan de sustento necesario, pidiendo limosna
para su socorro, por turno de semanas, en las calles y plazas públicas
y por todos los Hermanos. ¿Qué pocos prejuicios tenían
esos cofrades para ayudar al necesitado? El capítulo tercero nos dice
que dos Hermanos se cuidarán de la comida de los encarcelados. A los
enfermos se les pondrá puchero separado, con carnero, garbanzos, jamón,
y, si la necesidad lo pidiese, sería gallina, bizcochos y chocolate,
además de todo lo que fuese preciso para el restablecimiento de su salud,
así como médico, botica y cirujano. Los cofrades visitarán
a los enfermos y, en caso de gravedad, dos Hermanos y el Capellán lo
asistirán en sus últimas horas. El capítulo once dice que
cada cofrade lleve el repuesto de víveres que necesite para su sustento
en la romería, sin la obligación de repartir comidas, pero sí,
con la de socorrer a los necesitados. ¿Qué espíritu evangélico
tenían aquellos cofrades en su solidaridad con los más pobres?
Hoy en día, todas las Cofradías, al aprobar sus estatutos, destinan el 10 % de los ingresos fijos para la ayuda de los necesitados, en total coordinación con Cáritas. Hemos de reconocer que son pocos los casos en que las Cofradías han aportado a las necesidades de esta Institución de la Iglesia, pero esperamos que en un futuro, no muy lejano, cada Cofradía tendrá un portavoz o representante en Cáritas, y éste, al ver las muchas necesidades que se plantean, interpelará a su Cofradía para el ingreso de esas cantidades, destinadas al socorro de nuestros hermanos más pobres y necesitados.
Y estamos hablando de Cáritas, palabra sinónima de caridad. Dice el diccionario que caridad es una de las tres virtudes teologales, que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Virtud cristiana opuesta a la envidia y a la animadversión. Limosna que se da o auxilio que se presta a los necesitados.
Amar a Dios es poner toda nuestra vida a la luz del Evangelio. Someter toda nuestra vida, todos nuestros actos a los planes de Dios. Saber que todo lo que hagamos, desde la mañana a la noche, en cada minuto de cada día, debe de llevar el sello de que está de acuerdo con lo que Dios quiere de nosotros. Es cumplir la voluntad de Dios, de forma que en mi trabajo, en mi familia, en mis relaciones sociales, en mis alegrías y penas, todo se debe de hacer con la perfección y el esmero que Dios quiere que se realice, pero sabiendo que Dios no nos puede exigir más que el hombre le puede dar, por ello hemos de clamar como San Agustín: “Dios, que te hizo sin ti, no te puede salvar sin ti”. Lo importante es que adoremos a Dios en “espíritu y en verdad”, pues éstos son los cofrades que Dios quiere. “No todo el que diga Señor entrará en el reino de los Cielos”.
La Caridad es la vida a la que debemos aspirar, basándonos en las palabras que Jesús nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Tenemos que amar a Jesús para llenarnos de El. “Nadie da lo que no tiene” y este amor, con la confianza de saber que Dios es amor.
La Caridad cofrade nos pide:
• No sólo ir a misa y comulgar, para luego, el resto del día,
quedar despreocupados de nuestro afán por los pobres y necesitados, sino
que ello supone ser “Hostias Vivas” en nuestros ambientes.
• No sólo ir a nuestras procesiones y actos de culto, sino ser
auténticos cristianos en todos los momentos, cumpliendo la exigencia
evangélica: “Todo cuanto hagáis por alguien, lo estáis
haciendo por mí”. De ahí, que el padre Oser nos diga: “lo
que hagas, hazlo bien”.
• Ser conscientes de que todos somos hijos de Dios, hermanos de Cristo
y templos vivos del Espíritu Santo.
• Saber que cada acto de nuestra vida, si se hace en gracia de Dios, aumenta
la vida de El en nosotros.
• Saber que Dios es nuestro Padre, que está cuidando por nosotros,
más que de los lirios y de las aves del campo, pues hasta nuestros cabellos
los tiene contados.
• Conscientes de que todo lo que hagamos por nuestro prójimo, lo
estamos haciendo por Cristo.
Podemos hacer mucho en nuestras Cofradías, pero no olvidemos que la Caridad cofrade será siempre nuestra asignatura pendiente, mientras haya pobres, mientras seamos ricos, mientras vivamos instalados en nuestras comodidades, mientras alguien muera de hambre y a nosotros nos sobre comida, mientras alguno sufra injusticia y nosotros callemos por miedo, mientras queramos ser protagonistas y no trabajemos unidos, mientras dediquemos a la caridad el dinero o el tiempo que nos sobra, mientras nos creamos superiores a los pobres o mejores que los desgraciados, mientras no amemos a los pobres como a nuestro Padre Jesús Nazareno, nuestra Virgen de los Dolores, nuestro Señor de las Lluvias, etc., mientras no amemos como Jesús lo hace, la Caridad será nuestra asignatura pendiente.
Antonio Barahona Vallecillo
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“Jesús, dando un fuerte grito, expiró” (Mc 15,37).
Esta frase pertenece a uno de los relatos evangélicos, en concreto, a la narración realizada por el evangelista San Marcos, pero también la podemos encontrar en los otros evangelistas.
Viene a sintetizar lo que durante unos días vamos a contemplar y a vivir en la Semana Santa. No sólo lo haremos en las celebraciones litúrgicas, sino que además, las procesiones, pueden también, de forma plástica, ayudarnos a vivir ese acontecimiento, la pasión y la muerte del Señor, aunque estos episodios, no hay que olvidarlo, acaban en la resurrección.
El centro de estos días será la muerte del Señor, una muerte que se realiza en la cruz y con un claro significado y con una repercusión incuestionable, Jesús muere en la cruz como consecuencia del pecado del hombre y viene a salvarnos de nuestro pecado y de nuestra muerte.
Quiero centrarme en algo que, aunque se sitúe delante de nosotros, y sea el centro de nuestra fe, la muerte en cruz del Señor, no terminamos de aceptarla.
Recuerdo en este momento una frase del Apóstol San Pablo, que sintetiza una actitud ante la cruz y que a mi juicio sigue dándose, incluso entre nosotros los cristianos.
Dice así: “Nosotros predicamos a un Mesías crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles…” (1 Cor,1,23).
Hoy esas actitudes de escándalo y de necedad, siguen reproduciéndose
entre nosotros.
Entre los creyentes sigue repitiéndose la actitud de escándalo
ante la cruz. Y me explico con un ejemplo que puede ser clarificador. Hace ya
unas semanas, tuve la oportunidad de hablar con una mujer, que estaba confusa
a causa de la cruz. Y se hacía la siguiente reflexión: la causa
de su mal (su cruz), ¿era signo de maldición por parte de Dios?
Cuándo una persona sufre ¿es que Dios le está reprochando
algo? La cruz es escándalo para los creyentes. No terminamos de aceptar
la cruz, porque la consideramos un signo de maldición, de castigo.
Somos incapaces de ver más allá del madero, más allá
de lo que los ojos físicos pueden ver. Desde los ojos de de la fe, la
cruz nos es maldición, y si ésta te alcanza, no te rebeles contra
Dios espera y confía.
SeH
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La procesión tiene un origen y una meta que condicionan su significado: salir del templo y volver a él, ya que es una continuación del culto en la calle.
Una de las obligaciones de todo cofrade es la de participar en los actos, cultos y procesiones que prepara y organiza su cofradía.
El momento culminante para cualquier cofrade es la procesión, por eso nuestra participación no puede ser de una mera presencia física, ni transfórmala en un espectáculo de folklore, ni cultural, sino que durante el caminar en nuestra estación de penitencia, sea un tiempo de meditación y reflexión sobre el significado de la imagen que procesionamos(¿que hecho yo, para que este Cristo este sufriendo y que su Madre también sufra?), con el fin de reconocer nuestros errores y caídas, para poder pedir perdón por todos ellos, levantarnos y continuar nuestro camino, y dar gracias por todo lo que recibimos durante nuestra vida.
Por todo ello debemos cuidar con gran esmero, el desfile procesional, fomentando el fervor y la devoción de todos los participantes(Cofrades, devotos, y todas las personas que acompañan a la Imagen), debemos tratar de romper con todos los signos y elementos inadecuados(ir en desorden, hablando),procurando el orden y el comportamiento debido y huyendo del espectáculo y la ostentación, y que el canto de una saeta no signifique más que la oración de quien la canta
Por lo tanto en estos días en que celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, lo hagamos con sencillez, elegancia, respeto, devoción, fe y seamos capaces de acabar con el mal gusto, el espectáculo, la provocación del aplauso fácil, el lucimiento personal, el protagonismo… En definitiva que las procesiones las convirtamos en la continuación del culto y de las celebraciones del Templo
Sebastián Serrano Malpica y Cristóbal Escobar
Bruno
Responsables Vocalía de Cofradías.
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LOS PREGONES DE JESÚS NAZARENO

Hace muchos años, apenas yo un mocoso, mi padre me llevó cierta madrugada del Viernes Santo a la Iglesia para ver “los pregones”. En aquel tiempo, no sabía muy bien qué era eso de “pregones” ni mucho menos sabía gran parte de las costumbres y tradiciones de nuestro Mengíbar que hoy ya conozco.
Lo que recuerdo de aquel primer momento no se me olvidará jamás, y creo que podría describir, con los errores lógicos de los recuerdos de la infancia, todo cuanto veía y oía, pero sobre todo, podría evocar con gran entusiasmo lo que aquellos cantos producían en mi interior cuando entraban por mis oídos. Plasmarlos sobre el papel sería tarea inalcanzable e imposible.
Año tras año, ya incluso solo, subía en la inmensa madrugada de la noche más santa, para escuchar los Pregones. Poco a poco iría comprendiendo las coplillas e incluso me reflejaría como personaje propio de lo que allí se narraba. Cuando uno va creciendo y va reflexionando a la vez que escucha las letras, se empieza verdaderamente a conmover ante la dureza de lo que se está narrando en un tono de cántico muy singular, que hace, más si cabe, penetrar la Pasión del Señor en nosotros para llegar a nuestro corazón y hacernos lo más humildes posible.
Porque ante el Sermón de la Pasión de Jesús, no se puede tener otra actitud que no sea la de humildad. La Confrontación del Ángel, la Sentencia a Azotes, la Condena a Muerte y la Justicia Recta no son más que el relato de lo que Jesús vivió, por muy severo, bárbaro y hasta mítico que nos pueda parecer en nuestros días, para salvarnos de todos cuantos pecados nos separan de Dios. A veces nos puede parecer algo muy lejano, y hasta en Semana Santa podemos olvidar cuál es el fundamento verdadero de esta conmemoración, para convertirlo en un simple festejo más de nuestra ociosa vida, convirtiéndose en tal caso en idolatría.
Prestar atención a los Pregones antes de la procesión de Jesús Nazareno en la “madrugá”, puede ser además de bello para nuestros oídos, muy valioso para recordarnos por qué revivimos los sufrimientos de Jesucristo, haciéndonos más sencillos ante un mundo lleno de tentaciones que nos hacen olvidar nuestra fe.
Por todo ello, me siento muy orgulloso de que en Mengíbar exista una tradición, que parece ser que se remonta al siglo XVII, en la que se nos hace llegar de un modo singular y sensible a nuestros oídos, pero sobre todo a nuestros corazones, para que la vivencia en los días del Triduo Pascual lleguen con una preparación de humildad y recogimiento, y así vivirlos con mayor provecho en nuestras vidas.
Vestido de nazareno, como hermano cofrade que soy, y una hora antes de la procesión del Señor cargando con la Cruz, estaré sentado en un banco de la Parroquia esperando escuchar unos cantos inconfundibles, hondos y conmovedores. Los Pregones y Cristo, un año más, volverán a mi corazón.
Jesús Vicioso Hoyo.
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Semana Santa 2004
Nuevamente nos disponemos a conmemorar la
Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, hecho fundamental
de todo cristiano que día a día debe recordar e imitar a Cristo,
como verdadero ejemplo de Amor y Luz en nuestras vidas. Estos días no
deben quedar reducidos a una simple visualización, ese es el menos fundamental;
debemos de interiorizar, meditar y reflejar en los demás, el significado
verdadero y pri9mario de esta Semana Santa:{“¿A quien buscáis?”
Le contestaron “a Jesús, el Nazareno”. Les dijo Jesús:”
yo soy”. Simón Pedro, que llevaba una espada la desenfundo e hirió
a un soldado y díjole Jesús” Mete tu espada en la vaina.
El cáliz que ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?}
De las palabras anteriores se derivan dos
preguntas fundamentales para la reflexión en estos días: a quien
buscamos y si estamos dispuestos a tomar al Padre, a sus decisiones ya a sus
actos. Es aquí donde Jesús nos arroja luz, donde se nos encarna
como verdad, vida y camino para con el Padre.
Desde la Cofradía de la Oración
en el Huerto os pedimos reflexión desde el Evangelio y, que a pesar de
presentir que la hora de la muerte esté cerca, nos retiremos, aun llenos
de miedo, al huerto de Getsemaní, donde, y aunque llenos de angustia
meditemos y oremos, no olvidando la misericordia, bondad y justicia de Dios
y las acciones de su Hijo, Jesús, Cristo Redentor, en la Tierra, reflejadas
en el Evangelio como modo de vida a seguir:
“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán
a Dios”•
Francisco Javier Ramírez Iñiguez.
Presidente Cofradía del Señor Orando en el Huerto
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CURIOSIDADES DE NUESTRA SEMANA SANTA
• La primera Cofradía que se funda en Mengíbar, de la que tenemos noticias, es la Santa Vera Cruz, que lo hace en 1550, cuando Mengíbar era aún una aldea de Jaén. Fue fundada por don Pedro Ponce de León. Del mismo nombre, sólo existían en la provincia las de Baeza y Jaén, que lo habían sido en 1540 y 1541, respectivamente.
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• Se conservan los Estatutos de la citada Cofradía, escritos en pergamino. Un documento muy valioso, que la Cofradía guarda celosamente, aunque estuvieron perdidos durante cierto tiempo.
• La Cofradía de la Santa Vera Cruz encargó en 1769 al gran escultor Joseph de Medina la confección de una imagen de “Jesús Amarrado a la Columna”, en precio de 1.200 reales. Desgraciadamente, esa bella talla desapareció en la guerra civil española (1936-1939).
• La Cofradía de la Santa Misericordia mantiene en el siglo XVIII un hospital, que había sido fundado por el presbítero de la iglesia de Mengíbar, don Pedro Gervasio Duque, donde eran acogidos los pobres de solemnidad. También tenía por misión enterrar a lo pobres que fallecieran en la localidad y en el citado hospital.
• La Cruz de risco, que procesiona actualmente la Cofradía de la Vera Cruz, el Viernes Santo y el Día de la Cruz, la adquiere la citada Cofradía en 1769. Se desconoce su autor, aunque nos atrevemos a afirmar que debió de ser un carpintero local.
• La imagen de Simón de Cirene o “Cirineo”, que siempre acompaña en las procesiones a la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, fue costeada por doña María Josefa Pareja Aranda, vecina de Mengíbar, el 15 de marzo de 1924, para cumplir la promesa que había hecho a Jesús Nazareno, si su hijo, don José Lillo Pareja, regresaba sano y salvo de la Guerra del Rif, en Marruecos.
• La cabeza restaurada de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, destruida en 1936, la conserva en la actualidad la familia de don Pascual Gámez Hidalgo.
• El 22 de abril de 1991, el Jefe de la Casa Real comunica a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno que S.M Don Juan Carlos I le ha concedido el título de Real, y ha aceptado el nombramiento de Hermano Mayor Honorario que le hizo la citada Cofradía.
• En 1766 la Cofradía de la Virgen de los Dolores encarga la realización de un retablo para la imagen, en la iglesia de San Pedro, al maestro Francisco Gabriel de Gálvez. En 1789, al disponer de un camarín en la citada iglesia, la Cofradía vuelve a encargar otro retablo al maestro Pedro de Guardia en 3.327 reales. En 1803, el maestro Francisco Melgar cobra de la Cofradía 1.600 reales por dorar el citado retablo.
• La Cofradía de la Virgen de los Dolores es la única cofradía de Mengíbar que posee bienes rústicos en propiedad. Concretamente, un olivar y un pedazo de tierra en el sitio de “La Muela”, en el término de Mengíbar, por entrega que hizo en 1828 el Hermano José Camacho, para pagar la deuda de 965 reales que tenía a la Cofradía, y una huerta, en “El Cañaveral”, también en el término de Mengíbar, por donación de doña Angustias Hermida de la Chica, Marquesa de Senda Blanca.
• La imagen actual del “Niño de las Uvas”, de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, tan querida por los mengibareños, es obra del escultor madrileño don Tomás Parra, por la que cobró, en 1940, la cantidad de 1.070 pesetas. Para reunir la citada cantidad, la Cofradía puso en escena la obra teatral “La mala uva”, de P. Muñoz Seca, en la que participaron como artistas numerosos Hermanos y otros aficionados mengibareños.
• La Cofradía del Santo Entierro procesionó la nueva imagen el 24 de marzo de 1967, que fue costeada por doña Josefa Medina Arroyo, gran benefactora y devota de esta Cofradía.
• El lienzo con el rostro de Jesús, que la Santa Verónica llevaba en las manos, antes de la guerra civil (1936-1939), fue pintado por el famoso artista de Andujar, Aldehuela, por el que cobró la cantidad de 15 pesetas.
• La imagen del Señor de las Lluvias, de la Cofradía de este nombre, que preside desde 1970 el retablo mayor de la iglesia de San Pedro, recibía culto en la ermita de su nombre. Fue donada a la Cofradía por don Ramón Díaz Beltrán, Hermano de la misma, en 1940, para sustituir a la que desapareció en 1936.
• La Cofradía de San Juan Evangelista existía ya en 1632. Lo demuestra un legajo existente en el Archivo Histórico Provincial de Jaén, en el que un vecino de Mengíbar, Bartolomé Sánchez Pretel, declara en su testamento, de 15 de mayo de ese año, ante el escribano de Mengíbar, Miguel Sánchez de Aguilera, que es cofrade, entre otras, de la Cofradía del Señor San Juan.
• La Cofradía de más reciente fundación de Mengíbar es la del Señor Orando en el Huerto, que nace en la iglesia de San Pedro, en 1980. Las imágenes del Señor y el Ángel, que forman su conjunto procesional en la Semana Santa, fueron traídas a Mengíbar por don Jacinto Gómez Risueño, mengibareño que residía entonces en Vejer de la Frontera (Cádiz), procedentes de distintas cofradías de Barbate (Cádiz), que autorizaron el traslado de las dos imágenes al citado Jacinto Gómez. Al llegar a Mengíbar fueron depositadas en la ermita del Señor de las Lluvias.
Sebastián Barahona Vallecillo
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A MIS COSTALERAS, UNAS GRANDES SEÑORAS
Hace unos años, empezamos a estudiar
la posibilidad de que la imagen de una Dolorosa acompañase al Stmo. Cristo
de las Lluvias en su estación de penitencia por las calles de nuestro
pueblo. Ese objetivo se fue haciendo realidad poco a poco. Primero, la donación
de la imagen, bajo la advocación de María Stma. De la Amargura
y del Mayor Dolor. Luego, preparamos los enseres necesarios para procesionar
una nueva imagen, y pensamos cómo hacerlo. Es aquí cuando aparecen
esas grandes señoras, mis costaleras.
Estas señoras, son personas desinteresadas,
que ofrecen tiempo y esfuerzo para portar a su Virgen el Miércoles Santo
por las calles de Mengíbar. Para ellas, el llevar sobres sus hombros
la imagen de María Stma. De la Amargura significa comprender el dolor
de esa Madre que acompaña a su Hijo camino del Calvario, para morir por
nuestra salvación: y significa también compartir con ella ese
sufrimiento.
Durante el tiempo que dura la estación
de penitencia, viven momentos de tristeza, de angustia de silencio y reflexión,
de alegría… Sentimientos todos ellos que no son capaces de expresar
con palabras y que guardan en su corazón. Sentimientos que les hacen
ver que la Virgen María debe ser el ejemplo a seguir en sus vidas, su
guía y su apoyo en todo momento.
Todo sabemos que la Semana Santa es mucho más que procesionar nuestras
imágenes, pero esto también es un expresión de fe, una
manera de vivir y sentir la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro
Señor Jesús, de participar en ella: y quizás el comienzo
de una conversión en mejores discípulos de Cristo..
Quisiera reconocer a esas grandes señoras
su trabajo y esfuerzo y, darles las gracias por dejarme participar en sus sentimientos
y vivencias.
Su capataz.
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Estamos en Semana Santa, una vez más,
y como cada año, visto a mis hijos con sus mejores ropas.
Siento que estamos de fiesta, las calles
se engalanan, esperando que llegue la noche, la noche donde hace presencia y
gala uno de los más puros sentimientos, donde florecen las culpas, donde
la tristeza se pasea inmaculada, esas noches iluminadas por las candelabros
y su tímida luz, dejando ver la imagen tallada de una lágrima,
con la pena de haber perdido a un hijo, y sin saber que el domingo resucitará
de entre los muertos. Él se hará hombre eterno, sus amigo le acompañan,
en ese día fatídico, en esa historia de amor y desamor.
Mi hijo me pregunta, mamá ¿qué
es la Semana Santa?. No se explicar, que no es nada más que un sentimiento
de humildad hacía JESUS, que murió por nosotros, que su madre
lloraba mientras acompañaba a su hijo moribundo, esclavizado por ser
buena persona, que nosotros no pudimos hacer nada y que sólo podemos
pedir perdón, perdón a su madre y a sus amigos, amigos que sí
fueron capaces de llevar su palabra por todo el mundo, pero sí hemos
sido capaces de haber hecho una tragedia fea y desdichada, algo bonito y digno
de alabanza.
Hoy estamos aquí sanos, vivos y él
subió a la gloria por nosotros, y por eso se respira paz y armonía
porque JESUS nos acompaña de noche y de día.
Las calles se llenan de cera, al paso de
los penitentes con sus velas que ocultan el rostro, ellos no tienen nada que
temer ni motivo para ocultarse, por vergüenza de aquel día.
Están pasando, esta es la imagen
de ella, su madre y este es él, enterrado, después de haberlo
crucificado. Sus clavos son nuestras penas, penas sólo nuestras penas,
y sus penas que no lo creían. Por orgullo lo mataron, y con orgullo lo
paseamos.
Hace frío, la sangre se congela,
te pido perdón por tanta pena. Siendo tú mi alegría al
despertar cada día, te doy las gracias por ser tú quien nos protege
cada día. Tanto que has sufrido y has desdichado, gracias por este nuevo
día.
Mi hijo dice que no entiende nada, es pequeño
e inocente le suena el eco de los tambores al redoblar en la barriga, -- mamá,
yo también quiero tocar en la banda. ¿Dime por que tocan tan fuerte?
-- Como explicar que es el alma que se remueve la que toca el bombo, y se le
remueve el alma, se le parte el alma, dime SEÑOR, tú que estás
en los cielos, como le digo que te mataron por no ser malo, dime tú como
le digo que te mataron por no ser malo, dime tú como le digo que te queremos
por que nos has ayudado si estás muerto, por que te crucificaron, dime
tú cómo le demuestro la pasión con la que te sigo y si
eres DIOS por qué no estás vivo y aquí con nosotros, dime
cómo se lo explico.
Cati Millán
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HOMENAJE A DON SEBASTIAN BARAHONA VALLECILLO
En el mes de Septiembre del pasado año los vecinos de Mengíbar tributamos un merecido homenaje a don Sebastián Barahona Vallecillo con motivo de su jubilación como maestro. En el acto también participaron la Parroquia de San Pedro Apóstol y la Vocalía de Cofradías, junto con las distintas cofradías de nuestro pueblo. Al término de la Santa Misa le hicimos entrega de unos obsequios como recuerdo de ese momento. Vaya desde esta publicación el reconocimiento a quien a dedicado toda una vida al mundo de la educación y la investigación de las costumbres y tradiciones de Mengíbar. Agradecemos su trabajo encomiable en la Parroquia de San Pedro Apóstol y su entrega en esta Vocalía de Cofradías. Le deseamos lo mejor en esta nueva etapa, con el convencimiento de que nos seguirá prestando su valiosa ayuda en nuestras actividades.

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